Politica

Podemos reproduce su primer cisma


No habrá ruptura en las Cortes y la mayoría de diputados acepta la decisión orgánica

Un lustro lleva Podemos buscando un perfil más combativo en la Comunidad Valenciana. Un Pablo Iglesias a la valenciana que no acaba de encontrar. Todas las crisis que el partido ha tenido en territorio valenciano tienen el mismo denominador común, la búsqueda de un referente más agresivo que permita a la formación morada marcar un discurso preponderante dentro del Botànic.

Inmerso en un nuevo proceso de cambio de liderazgos internos, el reajuste que aborda estos días la formación morada agita fantasmas del pasado y tiene numerosos paralelismos con el que el partido de los círculos vivió en su primera gran crisis interna en 2017.

Entonces ganó fuerza un movimiento interno que acabó con la salida de su primer síndic, Antonio Montiel, hasta ahora el más longevo de los cinco que ha tenido el partido en cinco años.

A Montiel le sucedió el alicantino Antonio Estañ, que lideró una facción que basaba buena parte de su discurso en echar en cara a su portavoz excesiva tibieza, y reclamaba un perfil más duro que evitara cualquier tipo de seguidismo hacia los socialistas.

Es lo mismo que reprochan a la actual síndica, Naiara Davó, los partidarios de la coordinadora, Pila Lima, que le relevará en unos días al frente de la portavocía parlamentaria de Unides Podem.

Hay más similitudes. Estañ, igual que Lima hizo el pasado verano en la última campaña interna, basó en 2017 buena parte de su relato en la llamada a evitar la acumulación de cargos y en numerosas ocasiones dijo que se dedicaría únicamente a la secretaría general para reactivar el partido y que no ansiaba ser síndic.

Debate nuevo, mismas ideas

Estañ tardó poco más de tres meses en reclamar a Montiel la portavocía. La actual coordinadora, que también prometió en su campaña interna que respetaría el liderazgo de Naiara Davó en las Cortes, ha tardado seis en exigir el puesto. Pese a las similitudes, Estañ, ahora fuera de la primera línea, ha deslizado críticas en redes hacia Lima dando a entender que dejará el partido como un solar por la incapacidad de integración.

Parece que haya pasado un siglo, pero varias voces con la perspectiva suficiente que les da haber participado en el momento fundacional detectan que el debate actual es muy parecido al que acabó con Montiel. Cambian las personas pero las ideas que se manifiestan son las mismas.

Aún hay más parecidos. A Montiel le anunciaron por sorpresa que dejaba de ser síndic un día del mes de septiembre cuando el entonces portavoz llevaba todo el mes de agosto preparando su intervención en el debate de política general. No le dejaron intervenir. A Davó también le anunciaron su destitución por sorpresa, en lo peor de una pandemia mundial y cuando su rival había prometido por activa y por pasiva que respetaría su liderazgo. Como entonces, Podemos sigue a la búsqueda del perfil más combativo que no acaba de encontrar, aunque los círculos y la actual dirección creen que Lima encaja en ese patrón.

«No es tanto Lima, que también, pero tiene mucho que ver la militancia, la gente de los círculos, que aunque cada vez están más desmantelados no soportan perfiles que consideran blandos y seguidistas del PSPV- ya le ocurrió a Montiel y a Errejón en el ámbito estatal y ahora a Davó y precisamente por eso arrasa internamente Iglesias- nunca ha habido buen ambiente ni antes ni ahora y lo que sí se repite siempre es la presencia de bandos incapaces de acordar», reflexiona una diputada que prefiere el anonimato.

«Entristece ver cómo en lugar de procesos de ampliación de la pluralidad dentro de Podemos lo que ocurre es un estrechamiento de esa pluralidad», incide otro que fue diputado y que ya abandonó la primera línea.

No habrá revuelta interna

Aquella primera crisis de Podemos generó gran tensión interna pero no acabó en revuelta. Tampoco ocurrirá esta vez. Pilar Lima tiene apoyos suficientes para convertirse en la portavoz del grupo y no habrá ruptura, aunque emocionalmente el grupo sí está roto.

Los críticos con Lima, afines a la síndica Davó, son la mayoría de los ocho diputados, pero no romperán. Cristina Cabedo acatará lo que diga el partido, pero no por convencimiento de que Lima sea la mejor decisión sino porque lo haría igual si el partido hubiera decidido otro nombramiento.

Ferran Martínez es de los que cree que el cambio de Lima por Davó llega en el peor momento y contraviene lo que Lima prometió. Ve dudas de legalidad en el proceso interno, pero entiende que son cuestiones de forma y también acatará la decisión. Irene Gómez sostiene que no es momento de guerras internas y también avalará a Lima.

Davó mantiene que su destitución es injustificada y esperará a la resolución del recurso de un tercio de los consejeros del Consejo Ciudadano Valenciano. Beatriu Gascó tampoco es partidaria de batallas internas. Eso sí, los críticos con Lima van a tratar de ganar tiempo y retrasar en lo posible el ascenso de la coordinadora a la portavocía parlamentaria.

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